Aunque la tesis parece ser cierta, y la felicidad no sea cosa del gobierno, en el sentido de que el gobierno no debe decirnos cómo vivir, ni obligarnos a vivir de un modo concreto, si que parece que debe hacer lo posible para garantizar que cada uno de nosotros pueda vivir conforme a su ideal de vida buena. El tema es tan complejo, bonito y actual, que supongo -y espero- que suscite una interesante discusión en torno al papel del gobierno y la pretensión personal de ser felices.
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